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miércoles, 23 de mayo de 2012

VIVE LA MAGIA DE VIVIR AHORA QUE LO PUEDES DISFRUTAR..... Y NO EN LA AGONÍA..



No sea prepotente, la vida es corta.
Por ello aproveche cada instante de la vida
para entregarles el amor que se merecen sus seres queridos.
Se lo digo Yo, que estuve al borde de la muerte,
Y la vida me dejó seguir respirando aire vital.
El tiempo, el amado tiempo es como un águila dorada,
Quien quiera elevarse a las alturas del tiempo,
Tendrá que dejar el pasado atrás y someterse al presente, al aquí.
Que no se le olvide que se nace en esta vida como una flor que emerge,
Como un regalo, la existencia es un regalo.
Si usted ve todo gris, hay fotógrafos que admiran los matices de la existencia,
Y de repente una rosa roja , muy roja y penetrante para las oscuras pupilas.
Y las Pupilas, no olvide usted que posee pupilas
como cámara secreta que deja entrar la magia de la vida.
¡No corra por la vida! ¡¿para qué correr?
Goce la vida que tiene.
¿No me cree? Estuve a punto de morir.
Aprenda en la vida a caminar lento y mirar,
Sin prejuicios, sin preocupaciones.
Quizás usted es uno de esos seres que no cree en Dios y en la sincronía de la vida,
Pero todo aquello que usted está sintiendo
en este preciso instante ¿Quién lo hizo nacer en lo profundo?
Si hay una chispa de amor en su vida,
Esa chispa incendiará todo,
Y usted será como una lámpara entre los seres humanos.
Déjese contagiar por el amor y la libertad de los pájaros,
Que son libres porque cantan, y cantan porque son libres.
 Beltrán Molina Cazorla.

"La magia de vivir la vida se encuentra en dar sin esperar nada

a cambio; sin embargo; la realidad de creer en la felicidad de la
vida está en ofrendar tu vida para el bien de los otros."


somos esos ojos, que vamos viendo, únicamente lo que queremos ver y del color que deseamos verlo... A veces buscamos más allá, sin encontrar; lo que quizás muy cerca de nosotros tenemos; o vemos con otra intensidad, las situaciones o las cosas que a diario vivimos.
Nos quedamos en lo externo, en la envoltura, en aquello que nos dicen; y no intentamos ir más allá, descubrir, conocer, explorar...
Decimos tener los ojos bien abiertos y constantemente nos vamos estrellando o dejamos escapar tesoros que teníamos a nuestro lado; porque no fuimos capaces de descubrirlos, aún habiéndolos tenido al alcance de las manos...
No reconocemos nuestra ceguera interior y nos cuesta aceptar que otro nos muestre el camino, porque creemos tener la razón, ser los dueños absolutos de la verdad, y testigos de lo que es en realidad único y bello...
Vemos lo que queremos ver o lo que más nos conviene, pero no logramos descubrir la grandeza que otros en su alma tienen...
Y qué decir de nuestros oídos; somos sordos a tantas cosas, y hay muchos que buscan quién les sepa escuchar; pasamos desapercibidos las voces que claman y gritan desde lo más profundo del alma, lo que sienten y lo que quieren expresar... queremos oír lo que mal se dice, para luego quererlo proclamar...
Hablamos más de la cuenta, qué difícil es aprender a callar, cuando se puede evitar una discusión o se lanzan palabras que hieren o hacen tanto mal... Dios nos ha dado dos ojos, dos oídos y una boca, para que aprendamos a ver más allá, a escuchar lo que dice el alma y hablar solo cuando sea necesario hablar, ya sea para aconsejar, consolar u orar...
El olfato nos ayuda a ser precavidos, a oler, olfatear situaciones, estar seguro de los pasos que vamos a dar...
Nuestro tacto nos permite sentir, tocar, palpar, acariciar, construir, trabajar... para no olvidar nunca nuestra humanidad y la de los demás; y ser transformadores del mundo en el que hemos de habitar...
Esos son nuestros sentidos, otro toque de la perfección de Dios, que en el hombre y la mujer quiso dejar, quizás hay quienes carecen de uno de ellos, pero desarrollan aún más, aquel que le permita vivir y experimentar el amor del Padre eterno que la vida nos quiso regalar...
Es hora de aprender a utilizar al máximo nuestros sentidos, no sea que los tengamos dormidos y cuando queramos realmente hacerlo, sea demasiado tarde y lo más valioso lo hayamos perdido…
Autor Desconocido




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