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viernes, 9 de marzo de 2012

PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN DE LA PEQUEÑA ALMA Y EL SOL. ¿QUIÉN ES LA LUZ?.



LA PEQUEÑA ALMA Y EL SOL 

HABIA UNA VEZ

UNA PEQUEÑA ALMA QUE DIJO A DIOS:
 

¡Ya se quien soy!

Y Dios le contestó:

¡Maravilloso!


¿Quién eres?


La pequeña alma contestó a toda voz.

¡Soy la luz!

Dios sonrió ampliamente:

Así es —exclamó. Tú eres la Luz.

La pequeña alma estaba feliz, porque había comprendido lo que 


todas las almas del reino trataban de entender.

¡Hurra! ¡Esto es fantástico!

Pero poco después ya no le bastó con saber quien era.

Sentía cierta inquietud en su interior, porque quería ser lo que 

era.

Así, la pequeña alma volvió a hablar con Dios  para comunicarle 


sus ideas:

¡Hola, Dios!

Ahora que ya se quien soy, ¿es bueno serlo?


Dios respondió:

¿Quieres decir que deseas ser Quien Ya Eres?


Pues… verás. Una cosa es saber Quien soy, y otra muy distinta 


es serlo realmente.

Quiero sentir como es ser la luz.

Pero si ya eres la luz — Repitió Dios, sonriendo otra vez.

¡Si, pero quiero saber como se siente serlo! —exclamó la


 pequeña alma.

Creo que debí imaginármelo —repuso Dios, riendo

Tú siempre has sido la más aventurera

Y, tras un instante, la expresión de Dios cambio.

Pero hay una cuestión…

¿Qué es? preguntó la almita.

…Que no existe otra cosa además de la Luz. No creé otra cosa


 que lo que tu misma eres. Así, no hay un modo sencillo para 


que experimentes Quien eres, puesto que no hay nada que no 


seas.

¿Cómo? —repuso la Pequeña Alma inocente, estaba un poco 



confundida.

Piénsalo de este modo.

Eres como una vela en el sol.

Ya estas allá, junto con millones y ga-guillones de otras velas 


que forman el sol.

Y el sol no podría serlo sin ti, porque le faltaría una de sus velas,


 y así no podría brillar tanto.

Pero saber que eres la Luz estando dentro de la Luz… ese es el 


problema.

Tú eres Dios, ¡ya se te ocurrirá algo!

Dios volvió a sonreír:

Ya pensé en algo.

Puesto que no puedes sentirte la Luz al estar en ella, te rodearé 


de oscuridad.

¿Qué es la oscuridad? Es aquello que tú no eres.

¿Tendré miedo de la oscuridad? —gimió la almita.


Solo si así lo quieres —respondió Dios.

A decir verdad, no hay nada que temer, a menos que así lo 


decidas. Nosotros inventamos todo eso. Fingimos.

¡Ah! —exclamó la pequeña alma, que ya se estaba sintiendo 


mejor.

Entonces Dios explicó que, para poder experimentar cualquier 


cosa, se requiere de su opuesto.

Ese es un gran don, porque sin el no podrías conocer como es 

todo lo demás. No podrías saber que es lo caliente sin lo frío, el 

arriba sin el abajo, lo rápido sin lo lento. No podrías saber que 

es la izquierda sin la derecha, el acá sin el allá, el ahora sin el 

después.


Y así —concluyó Dios, al verte envuelta en la oscuridad, no 


cierres el puño ni alces la voz para maldecirla.

Más bien, sé Luz entre las tinieblas, y no te enojes por ello.

De ese modo sabrás Quien Eres Realmente, y también los demás


 lo sabrán.

Permite que tu luz brille para que todos sepan que eres alguien 


muy especial.

¿Quieres decir que está bien que los demás sepan que soy 


alguien muy especial? — inquirió la Pequeña Alma.

¡Por supuesto! — rió Dios, ¡Esta muy bien!

Pero recuerda que “especial” no quiere decir “mejor”. Todos son


 especiales, cada uno a su modo. Pero hay muchos que no lo 


recuerdan. Entenderán que está bien que sean especiales sólo 


cuando tu mismo sepas que está bien ser especial.

¡Fantástico! — exclamó la almita, quien bailaba, reía y daba 


saltos de felicidad.

¡Puedo ser todo lo especial que quiera!

Si, y puedes serlo a partir de ahora mismo — agregó Dios, quien 


bailaba y saltaba y reía con la pequeña Alma.

¿Qué parte de lo especial quieres ser?

¿Qué parte de lo especial? No te entiendo.

Verás… — le explicó Dios:



Ser la Luz es ser especial, y eso esta hecho de muchas partes.

Ser generoso es ser especial.


Ser amable es ser especial.


Ser creativo es ser especial.


Ser paciente es ser especial.


¿Se te ocurren otros modos de ser especial?

La pequeña Alma quedó en silencio por un instante:

¡Se me ocurren muchas formas de ser especial! — Exclamó 


luego.

Es especial ayudar a los demás.


Es especial compartir.


Y ser amistoso también es ser especial.


¡Ser considerado con los demás es ser especial!


¡Así es! — concordó Dios.

Y tú puedes ser todas esas cosas, o cualquier otra parte de lo 


especial que desees ser, en cualquier momento. Eso significa 


ser la Luz.

¡Ya se lo que quiero ser! —anunció la Pequeña Alma, muy 


emocionada.

Quiero ser la parte de lo especial llamada “perdonar”.


¿No es especial perdonar?


Oh, si —aseguro Dios. Eso es muy especial.


Entonces, eso quiero ser. Quiero perdonar.

Quiero experimentarme a mi misma de ese modo.


Bien —dijo Dios.

Pero hay algo que debes saber.


La Pequeña Alma comenzaba a impacientarse.

Parecía que siempre había complicaciones.


¿De que se trata? —suspiró


No hay nadie a quien perdonar.

¿Nadie? La Pequeña Alma apenas podía creer lo que estaba



 oyendo.

¡Nadie! —repitió Dios.

Todo cuanto hice es perfecto.


No hay una sola alma en toda la creación que sea menos 



perfecta que tú.

Mira a tu alrededor.


Entonces la Pequeña Alma se dio cuenta de que se había reunido


 una gran multitud. De todo largo y ancho, de todos los rincones


 del Reino, habían venido almas, porque se había corrido la voz 


de que la Pequeña Alma sostenía una extraordinaria 


conversación con Dios, y todos querían oír lo que decían.

Viendo a las incontables almas reunidas, la almita tuvo que 


coincidir: nadie parecía ser menos maravilloso, menos magnífico


 o menos perfecto que ella misma. Tal era el esplendor de las 


almas reunidas y tan brillante era su Luz, que la Pequeña Alma 


apenas podía sostener su mirada.

¿A quién perdonar entonces? —preguntó Dios.

¡Oh, creo que esto será muy aburrido! — gruñó la almita.


Quería experimentarme como El Que Perdona.

Quería saber como es esa parte de lo especial.

Y, así, supo como es estar triste.

Pero entonces un Alma amistosa salió de entre la multitud:

No te preocupes Pequeña —le dijo. Yo te ayudaré.


¿De verdad? —replicó, con el rostro iluminado.

¿Pero que puedes hacer?

Puedo darte a alguien para que lo perdones.

¿Puedes?

¡Desde luego! —canturreó el Alma amistosa.

Puedo ir a tu siguiente vida y hacer algo para que lo perdones.

Pero… ¿Por qué habrías de hacerlo? —preguntó la Pequeña 


Alma.

Tú que eres un Ser de tan absoluta perfección.


Tú que vibras con gran rapidez creando una luz tan


brillante que apenas puedo verla. ¿Qué podría hacer que 


frenaras tu vibración hasta que tu luz se hiciera oscura y densa? 


¿Qué podrías hacer tú, que eres tan ligera como para bailar en 


las estrellas y desplazarte por el Reino a la velocidad del 


pensamiento, entraras a mi vida y te volvieras pesada como 


para hacer una cosa tan mala?

Es muy fácil —repuso el Alma Amistosa.

Lo haría porque te amo.

A la Pequeña Alma le sorprendió la respuesta.

No te asombres — le dijo el Alma Amistosa.

Tú hiciste lo mismo por mí. ¿No lo recuerdas? Hemos bailado 


juntas muchas veces, por eones y eras. Durante todos los 


tiempos y en muchos lugares hemos jugado juntas. 


Simplemente no lo recuerdas! Ambas hemos sido todas las 


cosas. Ya fuimos el Arriba y el Abajo, la Izquierda y la Derecha.


 Fuimos el Acá y el Allá, el Ahora y el Después, Fuimos lo


Masculino y lo Femenino, lo Bueno y lo Malo. Tu y yo Fuimos la 


victima y el villano.

Así, nos hemos reunido muchas veces, la una dando a la otra la 


oportunidad exacta y perfecta para expresar y experimentar 


Quienes Somos Realmente.

De ese modo —añadió el Alma Amistosa, llegaré a tu próxima 


vida y seré el “malo”. Haré algo realmente terrible, y entonces 


podrás experimentarte como El Que Perdona.

¿Que harás? —preguntó la Pequeña Alma, un poco nerviosa.

¿Que puede ser tan terrible?


Oh, ya pensaremos en algo —replicó el Alma amistosa, con un 


guiño.



Segundos después, pareció tornarse muy seria y murmuro:


Tienes razón en algo.


¿En qué? —quiso saber la almita.

Tendré que frenar mi vibración y hacerme muy pesada para 


hacer ese algo no tan bueno, Fingiré que soy alguien muy 


distinto a quien realmente soy. Por eso te pediré un favor a 


cambio.

¡Si, lo que quieras — exclamó la Pequeña Alma y comenzó a 


cantar y bailar, Podré perdonar, podré perdonar!

Pero notó que el Alma Amistosa seguía muy callada.

¿Qué quieres? —le preguntó. ¿Qué puedo hacer por ti?

¡Eres todo un ángel por estar dispuesta a hacer tal cosa por mí!

¡Claro que el Alma Amistosa es un ángel! —interrumpió Dios

¡Todos lo son! Siempre recuerda eso que solo ángeles envío.


Y así, la Pequeña Alma quiso más que nunca satisfacer la 


petición del Alma amistosa:

¿Qué puedo hacer por ti? —volvió a preguntar



En el momento que te golpee y te despedace -repuso el Alma


 Amistosa. Cuando te haga lo peor que puedas imaginarte, en


 ese mismo instante...

¿Que? — interrumpió la Pequeña Alma. ¿Qué…?

El Alma amistosa está aun más seria:
 
"Te pido que recuerdes por favor quien soy


realmente."

¡Si, así será! —exclamó el Alma Inocente. ¡Te lo prometo! 


Siempre te recordaré tal y como te veo aquí y ahora.

Muy bien —repuso el Alma Amistosa, porque pondré tanto 


empeño en fingir, que olvidaré quien soy. Y si tú no me 


recuerdas como soy realmente, no podré acordarme durante


 mucho tiempo. Y si olvido quien soy, incluso tú olvidarás Quien 


Eres, y las dos estaremos perdidas. Entonces necesitaremos que


 venga otra alma para que nos recuerde a Ambas Quienes


 Somos.

¡No, no será así! —prometió otra vez la Pequeña alma.

¡Te recordaré! Y te agradeceré por darme ese don, la


 oportunidad de experimentarme como Quien Soy.



Así acordaron, y La Pequeña Alma fue hacia una nueva vida,


 emocionada por ser la Luz, que era muy especial, y por ser esa


 parte de lo especial que se llama Perdonar.

Y esperó ansiosamente poder experimentarse como Perdón y 


agradecer lo que hiciera la otra alma para que fuera posible.

En todo momento de esta vida, cada vez que apareció en escena 


una nueva alma, ya fuera que trajese felicidad o pesar (y 


especialmente si traía pesar), la Pequeña Alma pensó en lo que 


Dios le dijo.

“Siempre recuerda que no envío mas que ángeles."


NEALE DONALD WALSCH


Dios llene de bendiciones sus vidas.

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